Quién soy

Guido Christensen– Que se yo…
Nací, y de eso estoy seguro.
Es más, es de lo único que estoy seguro.
Fue en Bahía Blanca en agosto de 1962.
¿Y qué?
Estudié en la escuela Normal, en el ciclo Básico y cursé el último año en la Escuela de Enseñanza Media N° 3.
Comerciante desde entonces hasta la actualidad.
Durante 11 años formé parte de un dúo humorístico musical llamado “Los Mosquitos”, siendo el tercero en discordia. Sonaba raro un dúo de tres pero los “Tres Mosqueteros” eran cuatro, “Los Cinco Latinos” también, y Ortega y Gasset, uno sólo, así que la incoherencia ya existía. En junio del 2000 los dejé en paz. A partir de ese momento todo empezó a mejorar (para ellos).
Desde entonces he atacado al arte por diferentes flancos. Por el costado derecho con obras de teatro, por el izquierdo con temas musicales y por el frente con cuentos y poesía.
En cuanto se me ocurra algo para embestir por la retaguardia, el arte sufrirá una derrota segura.
Desde chico (porque alguna vez lo fui) me causó placer el humor. Pasé parte de mi adolescencia absorbiendo diferentes tipos de comicidad. Ya sea “Les Luthiers”, “Los Parranderos”; “Landriscina” o “Corona”, todos tenían algo bueno o diferente (por original) que me gustaba.
Claro que entre ellos pasaron por mis oídos infinidad de cómicos y humoristas, afamados y desconocidos, buenos y de los otros.

HABLEMOS SERIAMENTE DE HUMOR

Relato incluído en el libro “Seriamente Humorístico”

Es habitual que cuando alguien va a realizar una disertación sobre humor, asistan personas con la intención de divertirse. En muchos casos con la ilusa esperanza de escuchar bromas, chistes y anécdotas graciosas que, no siempre se alistan dentro de los temas que ha decidido brindar el orador.
Incluso ante la seguridad de esta suposición, estos individuos mantienen una sonrisa expectante mientras escuchan, se ríen de cualquier gesto y hasta sueltan una sonora carcajada en el cierre de un relato poco menos que emotivo. Generalmente relacionan palabras con hechos e imaginan dobles y triples sentidos que jamás se le hubiesen ocurrido al disertante.
Entretanto el mismo cuenta que desde temprana edad se interesó por el humor. Que estudió el origen de la palabra y su significación advirtiendo que se trataba de fluidos segregados por el organismo humano. Luego explica que la alegría es vasodilatadora y permite que esos líquidos fluyan libremente mientras que con la tristeza y el miedo ocurre lo contrario provocando malestar.
Cuenta también que lo sedujeron las diferentes maneras de llegar a esa convulsión agradable y difícil de dominar llamada risa. Que existe además un humor irónico y en ocasiones cruel que no tiene como propósito la risa sino la polémica y la crítica. Ofrece ejemplos tratando de demostrar un fin más reflexivo que cómico.
Analiza los diversos métodos para lograr gracia: la parodia, el absurdo, la sátira, la exageración, la confusión y otras tantas.
Transmite conceptos brillantes como el de Bernardo Coremblit que definió al humor como “la estética del desencanto” o el de Macedonio Fernández que simplemente lo llamó “sorpresa intelectual”.
Luego habla sobre los payasos y el humor gestual, sobre tiras cómicas, humor gráfico y caricaturas. Sobre el humor judío, alemán, gallego y sus diferencias. Sobre el humor negro y el infantil.
Sobre Charles Chaplin, Groucho Marx y Woody Allen.
Sobre Niní Marshall y el negro Olmedo…
Cita bibliografía como “La risa” de Henry Bergson; “La Psicología del chiste”, de Sigmund Freud, “El humorismo”, de Luis Pirandello.
… Y mientras el orador continúa comunicando sus conocimientos y apasionando a los interesados, hay otros dentro de la audiencia (los que mencioné al principio), que están repodridos o simplemente dormidos.

Tengamos en cuenta que así como existen cómicos – humoristas, también hay cómicos que no son humoristas y humoristas que no son cómicos.

^Subir^